Un 17 de noviembre llegaba el Viejo.
Le decían el Viejo porque era como un padre.
El padre de todos,
el padre del pueblo y de los pobres,
pero también de los ricos,
y de los viejos, más viejos que él,
y de los niños y las mujeres,
era pensar en volver a hacer la historia,
aunque quede por hacerse,
y éramos todos hermanos,
y por eso lo íbamos a buscar.
Pero la lluvia se mezcló con las balas,
y así la historia empezó a quedar trunca.
Pero se empezaba a soñar de nuevo,
y de los sueños lindos es difícil despertar.
Y despertamos con buenos y malos peleando por el poder,
y todavía se sigue peleando por el poder.
Aunque la militancia siempre arranque el grito de la juventud,
mientras seamos militantes vamos a seguir vivos.
Inés María Correa
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